Llevaba tanto tiempo doliéndome el mundo, que no recordaba lo que
me duelo yo.
Siempre pensé que me acompañarías en las batallas por la libertad y
en la lucha de nuestros derechos, los tuyos, los míos y los de todos los
pueblos oprimidos.
Siempre temí que llegase el momento, pasado mucho tiempo, en el que
te vieses obligado a cumplir las expectativas de tu familia, aun amándome.
Estaba equivocada en ambas.
Todas esas ideas de libertad y lucha las enarbolo yo sola, por
mucho que me pese, porque a ti te tiene absorbida la presión de tu familia y tu
cultura y tu religión y no tienes tiempo de luchar por nadie más que por ti
mismo.
No ha pasado mucho tiempo. Tan sólo nueve meses desde que, por fin,
decidí dejar de hablarte ante la violencia que suponía en mi cuerpo y en mi
mente tu amor intermitente.
Nueve meses parecen haber bastado para olvidarme, cuando yo llevo
casi cinco años, desde que empezamos a salir, intentando sacarte de mi mente
y de mi cuerpo.
Hoy, es la primera vez que me permito romper a llorar y romperme
por dentro, porque hace cuatro días me espetaron la noticia de que hace nueve
meses, después de mi último mensaje, te estabas casando con otra.