Star memories

lunes, 29 de mayo de 2017

Limerencia

Creo que ya he hablado alguna vez de lo despreocupada que suelo ser en todo. 
Sin medida. En la forma de hablar, en mis acciones. Guiándome solo por lo que siento.
Pero llega un momento en el que pierdo el control. Y aunque no me gusta controlar las cosas, sí me gusta tener control sobre lo que me afecta de manera personal. Porque sin ese control me siento indefensa.

Mucha gente me pregunta por qué no me gustan las drogas. Esa es precisamente la respuesta. 
Más allá de haber únicamente probado la maría y el hachís, el estado de desconexión en el que me dejan, el aislamiento, la incapacidad de controlar mis músculos motores, la ansiedad que me produce la pesadez de ojos y mandíbula son motivos más que suficientes para mí para decidir que no necesito sustancias adicionales para relacionarme con el mundo. 

La sensación que me ha dejado este fin de semana se parece bastante a ese estado de vivir en una burbuja y no entender nada. De no comprender si quiera de dónde vienen mis palabras o mis infantiles acciones. 
Me recuerda que a veces estoy mejor cuando construyo ese muro a mi alrededor que me ha dado tantas alegrías y me ha protegido tantas veces del exterior. Porque sí, yo también tengo mi muro. 
Acolchado por dentro, como en una casa de locos. Para que por dentro pueda gritar, saltar y golpearme sin hacerme daño mientras por fuera me mantengo feliz, tranquila y en un estado de superioridad mental en el que no me afectan las relaciones interpersonales más allá del estado de relajación en el que me preocupo lo necesario por otros y lo máximo por mí misma.

He dejado caer el muro al estilo GoT, en una batalla épica y perdida de manera muy absurda.
Sin quererlo. Sólo por una mirada y unas palabras amables. 

Y no, no quiero nada. No estoy enamorada. Sólo quería hacerme feliz y, quizás, hacerle feliz durante un tiempo determinado. 
Pero mi muro ha caído y a su alrededor sólo veo cada vez más fortificaciones. Un estado de alteración mental. Que sube y baja. Que a veces es la paz y a veces es la guerra sin saber cómo ha venido.
Tan pronto una respuesta amable como una bordería. Y eso hace que yo sea más desagradable y pierda mi magia. 
Como si el ser una mujer inteligente y buena se volviese en el blanco perfecto para un gancho de izquierdas. Y entonces saco las uñas sin medir la virulencia del ataque. 
Y vienen los perdones que yo acepto, que me ablandan como la mantequilla al calor de un rayito de sol... Pero cuando los pido yo me encuentro con el silencio. Con un invierno que ha llegado a 30ºC fuera de casa. 
Porque a veces te llevas las bofetadas verbales sin haberlas visto venir. Y cuando se te escapan a ti parece que has desencadenado una tormenta eléctrica.

Y sé que no me convienes. Que lo que tú eres no es lo que yo quiero en mi vida. Que es una decisión personal mía porque cada uno tenemos nuestra historia. Y en la mía no caben ninguna de las partes malas que veo en ti y que saltan sin razón a veces en un ataque de bipolaridad.
Porque cuando te gusta alguien, tienes cuidado de las respuestas. Y ver a esa persona cuando estás en un momento de estrés y tensión debería alegrarte, sacarte una sonrisa amable y devolverte a un estado relajado. Y a ti no te pasa eso. No lo parece.

Ojalá me hubiese dado cuenta antes, mucho antes, en otro tiempo y espacio, que tú estabas tan cerca.

Y aún así, muerdo el agua por ti...

...Y me moriré de ganas de decirte que te voy a echar de menos.




jueves, 18 de mayo de 2017

T A R A S

Taras... Todxs tenemos una... Muchxs tenemos varias.

Una conversación me trajo el recuerdo de este corto de Roberto Pérez Toledo que habla sobre las taras.

Todxs hemos sufrido por alguna relación, sentimental o de amistad. Todxs tenemos taras.


En mi caso personal, mis taras no están tan relacionadas con las malas experiencias que me hayan hecho cambiar, aunque sí que me han enseñado muchas cosas.
No quiere decir que no me hayan hecho daño, pero sí que he decidido que eso no debería herir a quien venga después.


Una de ellas, por ejemplo, es que no atiendo a la paciencia o las indirectas. Me gustan las cosas claras, directas. No me gusta esconderme y me gusta que me expliquen las cosas o que se concrete cuando se me dice algo. Sobre todo si es algo que atañe a mis sentimientos.

Del mismo modo, y aunque parezca contradictorio, me gusta cagarla a lo grande. Sin pensar.

Y, si pienso, a veces me falla el no fiarme de mi primer instinto. De decir no, cuando quiero decir sí, y viceversa.


Soy una persona hecha para el diálogo, para la comunicación... Pero la tara viene cuando me bloqueo, cuando no entiendo, cuando no se me mira a los ojos y se me explica sin tapujos lo que el otro quiere. En ese caso, me vuelvo retraída, huyo la mirada, no sé desenvolverme. Me bloqueo, me cierro... Acabo pareciendo una niña enfadada con cara de pera que piensa cruzar los brazos y dejar de respirar hasta que consiga lo que quiere. Y esto sería entender lo que piensa la otra persona.


Soy una persona muy empática. Demasiado a veces... Y esta tara viene de la mano del enfado.

Porque cuando estoy en el momento "cara de pera" no es que no empatice, es que empatizo demasiado TARDE.
¿Por qué? Porque de la mano del no pensar viene el cagarla a lo grande.
Y del cagarla a lo grande viene el no tomarme dos segundos más para ponerme en el lugar del otro.



¿Y si hubiese sido yo? Me habría destrozado.
¿Por qué no lo pensé antes? Porque tenía más miedo que vergüenza.
¿Y por qué tengo que dar todos los pasos sola? Porque yo solita me he metido en este embrollo y nunca entenderé las cosas a medias.



Puede que eso sea tanto el problema como la solución: las diferencias.


¿Pueden dos taras complementarse? Sí, si me dejas.

Eso pienso. Pero lo pienso con mi complejo de Juana de Arco por abanderado.


Complejo por salvar al mundo, por no desperdiciar el tiempo, por hacernos felices durante unos instantes, sin compromisos mientras sigamos respirando.



Porque mi tara viene de ser tan yo y tan directa que cuando no puedo usar mi tara en mi favor, cuando veo un muro delante de mí, me congelo.

Te esquivo aunque no te esquivo.

Parezco indiferente cuando realmente me importa más de lo que quiero que me importe.



Y el orgullo, ESA otra tara. Si me siento rechazada me cuesta volver. Y si vuelvo, vuelvo huraña. Hasta que veo tu indiferencia y me muero por dentro.

Soy segura de mí misma hasta que me haces dudar.

En ese momento en el que no sé qué es lo que TÚ quieres, dejo de saber qué quiero o qué debo hacer.
Y paso de la luz a la oscuridad. Y saco lo peor de mí.

Porque la inseguridad me hace frágil y pequeña.

Me hace perder la magia, el control de la situación que dibuja los límites entre lo que me hace subir o bajar.
Y te hago daño, sin querer.
Y haciéndote daño, me hago daño a mí.

Y esa, por suerte o por desgracia, es mi peor tara.

«En una cama, sin máscaras, somos salvajemente iguales.»

Y entonces desearía volver al principio. A ese momento en el que éramos capaces de darnos un abrazo inmenso, largo y sentido.
Tú sin miedo a que alguien especule sobre tu vida.
Yo sin miedo a que te sientas incómodo por el qué dirán.



lunes, 15 de mayo de 2017

Cuando las mariposas en el estómago se convierten en polillas

Que sí, que estas mariposas se han vuelto nocturnas y están mordisqueando mis entrañas.
A ver cómo te lo explico...
Piensa en cuando te gusta alguien y, por lo poco que sabes de hablar con esa persona, a ella también se podría decir que le gustas tú. Y al principio intentas ir despacio por ver si se repite la ocasión.
Pero al final das muchos pasitos y, con la excusa de la timidez, te sientes completamente ridícula porque esa persona no da ninguno. Y por muchas vergüenzas y muchas timideces, las miradas a veces se nos quedan cortas. Y las ganas de empotrarte contra un muro, comerte la boca y llevarte a la cama me dan escalofríos.
Entonces llega alguien que sólo te ve a ti, pero en esa misma estancia está alguien al que sólo ves tú y que, furtivamente, parece que te sigue con la mirada por si acaso tu lengua acaba enredada en la lengua de otro que no sea él. Y al final, las lenguas se enredan tras la pregunta: «¿Te parecería raro si te beso?». Y yo respondo, tras un breve silencio en el que no sé dónde meterme y quiero que la tierra me trague porque sé que lo siguiente que diga va a ser la única mano que pueda jugar esa noche: «No». Y cierro los ojos y pienso: «¿Y si imagino que es el que me está mirando desde el otro lado de la barra quién me besa?». Cruel tres veces: por el uno, por el otro y, sobre todo, por mí misma. Entonces me doy cuenta de que, si a mí me duele besarme con uno pensando en el otro, igual a ese otro también le duele verme besarme con ese uno que no es él. Pero entonces yo me pregunto por qué el otro no hace nada por besarme ni por responderme a los mensajes.
¿Son cosas mías, son cosas de su timidez o simplemente son excusas baratas que me he creído a pies juntillas?

Y como no sé a quién le duele más, si al que me mira desde la barra o a mi corazón que palpita rápido sabiendo que la he cagado de manera brutal, aunque sólo sea por empatía y por ser íntegra con mis principios, decido concederle al uno la última copa en otro bar, lejos del otro (aunque mi estómago duela más de manera inversa y directamente proporcional a la distancia a la que me encuentro del otro, vamos, que duele que jode haga lo que haga). Y me alejo del otro por no hacerme más daño y evitarle el daño a él, que ya está hecho, pero que tampoco sé si le duele.
Y con mi par de ovarios me despido de todo cristo.

Ahora entra en juego el factor "radio patio". Porque claro, a dónde se va a ir una chica que se acaba de besar con un chico si no hay otrxs amigxs presentes que se vayan a ir con ellxs...
Salta la alarma. El amigo gracioso en común que medio grita que va a haber sexo y tú, que no sabes ni por dónde te están llegando ni las hostias ni el viento, te callas porque en ese momento parece guay, inteligente y menos humillante que piensen que va a ocurrir algo que sabes que no va a ocurrir.

Te vas al otro bar. Te sientes incómoda, sola y con una copa en la mano que se te hace bola.
Sin amigos, sin ver al otro, que ni te ha hecho caso en toda la puta noche ni tú te has dignado a saludar porque te sientes tan desorientada que no sabes si es mejor el desprecio, el aprecio o el comodín del público y con unas ganas tremendas de salir corriendo y decirle al oído que con quien quieres pasar la noche (más bien día), es con él.

Vuelve a aparecer el amigo gracioso. Te dice que debes disfrutar, que no puedes basar tus acciones en el otro y menos si te besas con "unos" delante de su cara (y tú sigues pensando que es la puta verdad pero que el otro tampoco manda señales que indiquen que al menos respira) y te vas del bar.
Otra vez te encuentras al amigo gracioso, que había desaparecido momentáneamente, y vuelve a dar por hecho que te vas a la cama con el chico que sólo te ve a ti (y que te pareció una idea cojonuda al principio de la noche pero tu conciencia te está gritando que no eres justa ni con él ni contigo).

Y, cuando no hay moros en la costa ni testigos que ratifiquen tu versión, le dices al uno que te vas a casa sola. El uno te pregunta si estás segura y tú, obviamente, respondes que sí.
Pero sólo sí, porque si me pide la verdad tendré que decirle que es un chico estupendo pero que yo soy gilipollas y bebo los vientos por alguien que es o demasiado tímido, o demasiado estúpido o demasiado cabrón como para no tener cojones de enfrentarme y hacerme el cocodrilo.
Porque si le digo la verdad, tendré que contarle que no podría irme con él ni ninguno a ningún sitio porque ahora mismo estoy tan bloqueada que sólo quiero irme a mi puta casa con el otro. O a su casa. Que lo único que quiero es sudar la camiseta, dar vueltas entre sus sábanas o las mías, ducharme y volver a empezar.
Que ni es amor, ni es amistad, pero que mi cuerpo sólo responde a sus movimientos ahora mismo y ni yo entiendo el por qué.
Que aunque al uno le parezca que beso de puta madre, a mí los besos ahora sólo me salen perfectos si pienso en la única vez que mi lengua ha tocado la del otro.
Y que no puedo explicar a santo de qué me ha dado esta maldita cosa a estas alturas de mi vida si le conozco de hace años y jamás le había visto con estos ojos.
T O N T A
Y entonces me voy a mi cama. Sola (no tan sola. Frida, mi gata, me acompaña de vez en cuando) y duermo inquieta y me despierto más temprano de lo esperado.
Y empiezo mi día, aunque tenga que arrastrarme para salir de la cama. Y me voy a ver a mi hermano y los problemas son menos problemas porque paso una tarde hablando con él como hacía mucho que no hablábamos. Y esa manera de "sentirme en casa" me tranquiliza y me aplaca y me consuela.

Y decido subir al bar que cualquier día van a empezar a comparar con el plató del GH o Sálvame.
Y subo porque mi hermano me anima a subir a ver a un amigo.
Y yo subo porque necesito aire y soledad.
Y asumo que habrá soledad porque yo no veo el fútbol e ignoro que hay una puñetera liga este mes.
Y además doy por hecho que el otro no va a asomar por el bar porque bastantes horas echa allí currando como para echar otras más.
Y de tanto asumir, no pensar, pensar demasiado... se produce la "maravillosa" ley de Murphy: si quieres ver a alguien, no aparecerá. Si no quieres ver a alguien, te vas a dar de morros con esa persona.

Le veo. Justo en el sitio en el que me iba a situar yo. Me entran los calores, me tiemblan las piernas, se me congelan las manos y me vienen unas náuseas tan tremendas que sólo se me ocurre saludar, liarme un cigarro y salir volando cuando me dan mi GingerAle. Fumar, qué gran idea con náuseas.
Sale más o menos detrás de mí, pero no va solo. No habrá conversación. Entra antes que yo. Voy al baño a reprimir una arcada (tantos días de fiesta me han irritado la garganta, esa es la parte física de la arcada. La psicológica es el sentirme como una mierda).

No hablamos. Le veo en el reflejo de una cartelera vacía. A veces nos rozamos sin querer los brazos. Sólo ese roce me pone a mil.
Mis manos siguen frías. Me las coge.
Es como entrar en el infierno tras atravesar Siberia en invierno.
Por qué me pareces guapo e inteligente, maldita sea. Qué tienes. Quién eres. De qué estás hecho.

Cruzamos alguna palabra. Alguna mirada... Pero sus ojos... No sé si no me miran o no me ven. Creo que huye mi mirada, como yo he estado huyendo la suya estos últimos días debido a su inexistente intento de proseguir en persona una conversación de WhatsApp de un lunes que parecía domingo porque el domingo había sido como un sábado al cuadrado.
Se va, se despide pero me quedo con ganas de darle un abrazo y dos besos. Como los abrazos que nos dábamos antes de ese fatídico beso del que no me arrepiento.

Y ahí me quedo, pegada a la silla. Imaginando que me vuelvo marrón y de madera para poder pasar inadvertida con la barra del bar.
Mimetizarme y llorar la tensión o chasquear los dedos y aparecer en casa.

Me lío un cigarro, me recompongo, me pongo la cazadora, me despido con una media sonrisa porque no me da para más y me voy.

Necesito unas vacaciones. Coger distancia. Volver a Palencia y recuperar mi yo.
O igual no aparecer por esa zona en dos semanas. No ver a nadie de este mi particular Sálvame soriano.
Castigada sin futbolín.

Y así es como las mariposas se convierten en esas polillas que se comen tu ropa.
En este caso mi estómago.



martes, 14 de marzo de 2017

Recurrente

A veces me pregunto cómo sería yo si no te hubiese conocido.
La playa, las azoteas, los recuerdos, las lluvias de estrellas, las risas, las lágrimas (muchas)...
Los besos, huidizos como tú.
Cambiaste algo en mí. Lo modificaste. De eso no me cabe duda.
Me quitaste algo. Te lo llevaste... Pero lo peor es lo que tú me diste a mí. Esa presencia. Tan amarga, latente... Aún conservo las fotos, aunque hace años que no las miro (y tu carta en el cajón de mi mesilla y tus mensajes en el teléfono y tus correos electrónicos) pero sé que no necesito mirarlas para seguir viéndote a ti.
Tus facciones: pelo negro tizón, mandíbula firme y marcada, nariz pequeña y redonda (extrañamente parecida a la mía, decías) con un piercing negro en la aleta derecha, pestañas inmensas, ojos miel y verde y esmeralda, boca de labios finos, dientes imperfectos (aunque yo no les veía la imperfección), lengua de trapo, ceceo constante, orejas adecuadas con unos lóbulos perfectamente separados y con cartílagos enmarcados con pendientes, manos rápidas y artísticas (pintura, música, composición...), brazos y piernas con un tatuaje aquí y allá, la mayoría hechos por ti mismo, piel suave, morena... Y cerebro de genio. Atormentando, pero de genio. Como a mí me gustan, difíciles, un reto... Y con un corazón que partir al final del camino, el mío, como no podía ser de otra manera.
Creo que sé porqué me cuesta tanto dormir esta noche. Un día como hoy, o al menos en una semana como esta, me estaba enamorando perdidamente de ti (en realidad ya lo estaba desde la primera vez que te vi)... Y en más o menos siete días me estabas partiendo el corazón por primera vez (porque lo hiciste muchas veces y porque te dejé hacerlo).
Ya me habías dado el primer beso. Lo hiciste sin pensar, como te pasaba cada vez que te perdías en mis formas, mis sonrisas y mis mil maneras de intentar que te quedases conmigo. Ya me habías hecho alguna que otra grieta en el corazón pero yo seguía intentándolo. Al fin y al cabo siempre me dabas migajas para seguir, confesiones secretas, caricias a escondidas, miradas fijas, decirme que para ti era perfecta... Ay, la vanidad... Y tú y yo lo somos.
Decías que en esta vida nos sentimos atraídos por la gente que nos resulta familiar, especialmente si se parecen físicamente a nosotrxs mismos (amor propio, egocentrismo, autoestima y certeza sobre la auto-perfección: para ti éramos parecidxs en el exterior).
Yo creo que, teniendo en cuenta tu teoría como verdad asumible, también nos parecíamos por dentro (inteligencia, vanidad, reto mutuo, desafío mental, competición, retroalimentación, daño y aprendizaje).
Tus: "Nunca dejes que nadie te haga creer que eres estúpida" o "Yo nunca podría estar con alguien que fuese más inteligente que yo"
Mis: "Por eso tú y yo no estamos juntos" (sonrisa de satisfacción/ winning smile).
Seguramente la mayor diferencia que existía entre nosotrxs era la capacidad de auto-reconstrucción.
Por tu parte una carta, algún que otro Skype cuando te convenía y otra persona a la que querer.
Por la mía, dejar de contestar tus mensajes dos años después cuando por tercera vez te olvidabas de mi cumpleaños y me escribías al día siguiente, dejándome con una no continuación a mi respuesta esperando ansiosa que te acordases de mí (esta parte, lamentablemente, no es algo que haya mejorado desde entonces con respecto a otros seres que se hayan cruzado en mi camino), seguir siendo algo buena y recomponer pedacito a pedacito las sobras que dejaste de mí.
Tú, lleno de mi amor y mi autoestima.
Yo, llena de tu imagen, tu sombra y tu vacío.
Injusto, ¿no?
¿Me arrepiento? Ojalá.
A veces sigo rezando a Muchachito Bombo Infierno por ver si su canción se convierte en realidad pero eso no me devolverá el tiempo.
A veces aún sigo imaginando que camino por la calle en algún lugar del mundo y de repente choco contigo. Que todo vuelve a empezar pero contigo del otro lado de la balanza. Que no sabré si darte una bofetada dramática o comerte la boca.
En ese encuentro, el tiempo congelado como la primera vez que te vi, como si todo lo demás estuviese en pausa durante los tres segundos que nos miramos a los ojos y que a mí me parecieron veinte, todo lo demás diluido e inexistente.
Después de ti lo sigo teniendo todo pero eres una pesadilla recurrente. Un recuerdo que me persigue, que me hace escribir.
Cinco meses que podría describir día a día sin olvidar ni un mísero detalle. ¡Yo! Que tengo que apuntarme todo para que no se me olvide lo que tengo que hacer mañana...
Igual es eso. Igual ocupas demasiado en mi disco duro.
No te mereces nada de esto. Ni mis pensamientos, ni mis recuerdos, ni mis lágrimas, ni mis medias sonrisas... Ni siquiera que te escriba (aunque lo haga).
Supongo que esto es mi cura. Sacarlo para afuera con la tranquilidad de la que sabe que en realidad escribe para sí mi misma. Porque no lo leerás nunca, ni lo entenderás ni podrías comprenderlo.
No lo verás porque no tienes acceso, no lo entenderás porque el castellano es muy complejo en su forma literal y metafórica para quién no conoce el idioma y no lo comprenderás porque tener conciencia, amar y respetar son conceptos que a veces te pasan inadvertidos.
Ambos sabemos que me merecía más. Ambos sabemos que yo te di más de lo que merecías.
Pero aún sabiéndolo yo le escribo a tu recuerdo y tú, simple y fríamente, dejaste de hacerlo.
 

«Y hacía un frío terrible pero nada hice por protegerme de él, por ahuyentarlo, porque aun creyendo que podría llegar a morir congelado, ese frío era lo único que me quedaba de cuando estuviste conmigo.»
~Alfonso Navarro Ventura~
 

lunes, 9 de enero de 2017

De par a impar

2016 llegas al fin, le damos la bienvenida al 2017.
Tarde, pero no nunca, este año me he dado cuenta del tiempo perdido en divagar. Del tiempo que he perdido teniendo miedo, asustada en un rincón en muchos aspectos de mi vida.
2016 tarde, pero no nunca, con las personas que han estado en él, me han re-enseñado a ser yo, a ser fuerte y valiente. En definitiva: a no perder el tiempo tan preciado que tengo.
2017, llegas. Y llegas con planes y sin prisas. Sin esperas. Simplemente llegas y sé que ahora soy quién debí haber seguido siendo hace demasiados años.
Se ha abierto un mundo nuevo ante mí. Ha vuelto la pasión por experimentar, por conocerme. Algo que parecía tan nimio ha cambiado. Y al final ha resultado ser algo que me faltaba para crecer, para querer(me).
Existen tantos universos... Y pensar que yo estaba anclada sólo en uno...
Creo que la magia del cine, del Kino, ha tenido algo que ver en todo esto. Recordar que hay vidas paralelas en las que puedes ser quien tú quieras ser. Saborear una parte de un todo y desear todo lo demás.
Los impares siempre han sido mis favoritos. El 7, el que más.
Todo llega, todo pasa.
Nuevas personas, viejxs amigxs y gente que me ha aportado siempre una sonrisa que regalar.
Gente que se quedará, gente que cambiará...
2017 probablemente me trae cambios, aunque aún es pronto para darlos por seguro. Un viaje siempre soñado que ahora da más miedo que nunca, pero ya no me asusto tan fácilmente. Pasos profesionales y nuevas experiencias.
Siempre se espera mucho (o todo) de un nuevo año.
Yo sólo me concentro en sonreír, en hacer lo que me gusta rodeada de gente que me hace tan feliz.
Paso a paso, 2017.
Mis propósitos, todos personales. Los de la foto. Nada que no se pueda cumplir.
Y quererme siempre.
Bienvenido a mi vida.

martes, 29 de noviembre de 2016

Kino Soria y Festival de Cortos

Acaban dos semanas de estrés agotador. Dos semanas en las que apenas he dormido, comido o parado en casa. Dos semanas recorriendo la ciudad de punta a punta siguiendo rodajes de cortometrajes y equipo técnico.
Quiero empezar agradeciendo a Sergio, algo nada nuevo en estos días en los que todxs nosotrxs le hemos mencionado alguna vez, por ofrecerme la oportunidad de formar parte de este proyecto. En ningún momento, cuando le dije que sí que colaboraría, me imaginé que iba a ser una experiencia tan reveladora y constructiva como ha sido.
Me he sentido completa, parte de algo muy grande en donde cada pieza debe encajar a la perfección. He hecho todo lo posible porque así fuera y espero haberlo conseguido.
He sido intérprete, extra, traductora, subtituladora, productora (según Pilar, porque yo aún no tengo claro el concepto), organizadora, voluntaria, compañera y, espero, amiga.
El Kino no ha sido sólo una bonita experiencia cinematográfica, ha sido un modo vida.
Me llevo conmigo las risas y el cariño que me habéis dado.
Cuando entré, de la mano de Sergio, en esa primera reunión Kino, fue una sensación abrumadora. Me senté en un banquito, alejada de «las estrellas»: directorxs, actrices, actores, técnicos, cámaras... Observaba a todxs ellxs y me preguntaba qué podría hacer yo allí entre tanto talento.
A pesar de todo, he llegado a conocer a las personas detrás del trabajo. A quererlo y a sentirme querida. Esto es un homenaje para todxs vosotrxs. Con personas diferentes nada hubiese sido lo mismo.

Sergio: las gracias se quedan pequeñas. Aunque no te guste que esté todo el tiempo pendiente de ti, eres la órbita de estas dos semanas. Sin ti no hubera conocido a nadie. No hace mucho que nos conocemos pero ya te has hecho un huequito en este corazón de VillaCuki. Las discusiones (las que utilizabas para picarme y las que acababan en risa, las bromillas que yo me creía a pies juntillas y las mentirijillas que te pillaba a vista de pájaro) han sido una constante. Te gustase más o menos, hasta que eché a andar por el Kino yo sola, eras la única mano amiga que conocía y a la que intentaba aferrarme. Gracias, gracias y mil gracias por haber confiado en mí.
 
Diego: poco cariñoso también, pero nunca me ha faltaba un abrazo o una palabra amiga si lo he necesitado. Y ahora que casi me he acostumbrado, espero que no vayáis a parar muy lejos de mí a pesar del trabajo y las pocas horas de sueño. Cuando Sergio no estaba, aunque te conocía menos, era un alivio darme la vuelta y encontrarme con tu mirada. Unos ojitos enormes detrás de unas pestañas aún más grandes. Siempre calmado y dispuesto a todo. Como un remanso dónde, por unas horas, olvidarte de toda la tensión.
 
Ángela: cuando me dijiste el otro día que ojalá nos hubiéramos conocido antes tenías toda la razón. Me ha encantado hablar contigo, aunque haya sido poco. Y aunque no sea en el Kino que viene, igual en el de dentro de dos años, o en el cualquier lugar de Europa o del mundo, seguiremos viéndonos y conociéndonos.
 
Elena: ains, ella. Cuando la vi yo entrar por esa puerta del Kino y al final fue a quien veía en todos los sitios. Lo que ha trabajado ella y la ilusión que me hacía verla disfrutar también cuando no tenía que trabajar. Me queda pendiente una visita a Madrid a ver tus líquidos de fotografía. No se me ha olvidado. La reina de la Audiencia no era yo. Eras tú.
 
Alberto: trípode al hombro todo el festival. Correteando de aquí para allá con Elena. Grabando, montando y siempre con una sonrisa. A ti te tenemos más cerquita y tú ya sabes donde tienes una casa.
 
Mª José: con su desparpajo increíble me hizo sentir parte del todo. Esos abrazos enormes me dieron mucha vida y me hicieron sentir como en casa. Ese arte, esa facilidad para hacerse entender. Esa fuerza que lleva dentro. Las ganas de participar, de ser y de colaborar.

Miguel: mi compañero de friquismo, risas y buen humor. Gracias por escucharme, Miguel, por no juzgarme, por ser compañero y por ser alguien tan grande. Por esos análisis, por tener en cuenta mi opinón, por hacerme reír hasta llorar y por cantar conmigo canciones de Pablo Clavel que nadie más se sabía.
 
Leticia: aunque hablásemos más los últimos días, resultó que no éramos tan distintas en la manera de ver determinadas cosas. Nos ha faltado algo más de tiempo pero una vez que nos hemos encontrado, cualquier cosa puede ocurrir.
 
Carlos: me quedo con tus abrazos de oso. Me dabas un poco de respeto al principio. Tan serio y tan apartado. Luego ya vi que eras un cachito de pan. Y era una alegría verte con tus barbitas con aire de despistado pero guardando siempre un as humorístico en la manga.
 
Rubén: he tenido la oportunidad (y seguramente la suerte) de ver algo más que tu mirada fingida de psicópata y tus mil maneras de crear momentos incómodos e inapropiados. Bad-timing seguramente sea tu segundo nombre. A pesar de todo, no hay nada como un abrazo para reconfortar a la otra persona. Seguramente el tener cosas en común con una visión tan diferente de nuestro entorno es lo que nos ha convertido en dos asteroides listos para colisionar, pero no olvides nunca que tras una colisión de gran magnitud existe la teoría de la creación de un planeta.
 
Hugues: Profesional, carismático y un poco loco. Algo tan necesario para la creatividad. Una estrella del rock rebosante de humildad y visión. Una sonrisa mágica que lo decía todo y unos ojos expresivos que no necesitaban palabras.
 
Fred: con quién me resultaba tan fácil comunicarme (aunque fuese en inglés) ha sido otro gran descubrimiento. Un alma libre llena buenas intenciones. Paciente y dinámico. Gracias, gracias y mil gracias por tenerme en cuenta antes, durante y después. Mi particular Yisuscraist. Su firma en el Libro de Visitas de VillaCuki ya forma parte del paseo de las estrellas.
MERCI BEAUCOUP.
 
Pilar: gran persona y mejor amiga. Todas tus vivencias me las guardo. Tus experiencias de vida, tu sencillez y tu manera directa de decir las cosas y lo que piensas. Tu fuerte opinión sobre la mujer y sus desafíos. Tu confianza en mí que se ha convertido en seguridad personal. Mis secretos bien guardados. El poder hablarte de cualquier cosa y sentirme protegida. GRACIAS.
 
Sophie: ahora tú ya convertida en la mami francesa. Y yo en tu primera hija española. Me daba la vida verte cuando llegabas a la Audiencia. Como sentirme en casa. Y verte en el escenario con todo tu desparpajo hablando a esa banda de criminales de 1ºde la ESO (jajaja). Nos volveremos a encontrar.
 
Anthonin: nuestra historia de "amor" se basaba en la confidencia entre cervezas y comida. Con esa sonrisa tuya que iluminaba la estancia. El niño genio tras la cámara y el ordenador.
 
Xavier: a vueltas con su corto y con su vida. La primera vez que hablé contigo cara a cara, de verdad, y vi tus ojos llenos de brillo emocionado por lo que hacías y lo que querías me di cuenta de que eras una persona totalmente distinta a lo que creía. Y agradezco cada sonrisa que me has brindado después de ese momento.
 
Jean-Antoine: al principio el más inaccesible de todos, pero déjale una cámara de fotos y empezarás a ver el mundo de otra manera. Y él, se dejará ver como realmente es: mucho más espontáneo y sonriente de lo que pueda parecer. 
 
Diane: nunca olvidaré tu dedito sobre la carta de la Crepería para indicarme que Diko estaba en posición y yo debía girarme para abrazarle. Con tu sonrisa ese día se me olvidaban los nervios. Y Jorge y tú hacíais buen tándem para que yo pudiese actuar.
 
Kamir: mirada profunda, aires de melancolía y silencio... Hasta que sonreía. Un genio en la sombra. Tímido, según él. Observador, según yo. Conseguía convertir unos audífonos que emiten sonido en un micrófono que lo captaba inviertiendo no sé qué polaridad. McGiver versión Saint-Etienne. Misterios que te da la vida. Puzzles sin resolver y pianos que siguen esperando que alguien componga una historia sobre ellos.
 
Argentinos, estonios, macedonios, daneses, ingleses, australianos, palestinos y de Ámsterdam: fueron menos días, menos horas que con los del Kino, pero sois LA HOSTIA. Me habéis hecho reír, me habéis hecho sentir especial. Habéis contado conmigo, os he servido de ayuda (espero) cuando lo habéis necesitado y ha sido un HONOR trabajar con vosotros. Si volvéis al festival, volved antes. Disfrutad antes... Porque vais a sonreír mucho más.
 
Voluntarios, Iván y Dani, Javi, Inés, Lucas, mis compis Ángela, Pote, Nora, Marcos y demás familia: me lo he pasado como una enana. A algunos no os conocía mucho. A otros no os conocía nada. Pero entre cervezas, confidencias y hacerme sentir una más y darme la responsabilidad tan grande de realizar mi trabajo, para lo que he estudiado, me habéis hecho muy feliz. Cuando me preguntan porqué estudié traducción e interpretación siempre obvio que yo quise estudiar Arte Dramático de pequeña para transmitir al público una historia, pero siempre cuento que me siento realizada sabiendo que, como traductora e intérprete, tengo el poder y la gran responsabilidad de transmitir la cultura entre los pueblos. Entre personas que, de cualquier otro modo, no serían capaces de llegar a entenderse, a respetarse e incluso a llegar a ser grandes amigxs. Y creo que he intentado dejar mi granito de arena durante estas dos semanas.

Mª Ángeles: no me olvido de ti. Eres la última porque siempre me gusta dejar lo mejor para el final. Has sido una hermana. Ya lo dijiste tú y ya lo dijimos casi desde el primer momento. Al principio como coña, ya que éramos familia en la ficción. 
Durante estas dos semanas, las largas conversaciones y paseos, la complicidad, el hacerme sentir tan querida, la seguridad que has puesto en mí, las confidencias y el compartir experiencias han sacado a relucir mi mejor cara... La confianza que me has dado no tiene palabras suficientes para ser explicada en un blog. Te llevo conmigo. Eres familia, mi niña. Y te mereces todo lo mejor. Una profesional y una gran amiga. Me he visto reflejada en ti tantas veces en tan poco tiempo que ya no sé dónde acabas tú y dónde empiezo yo. Me has devuelto algo que creía perdido para siempre y, allá donde nos encontremos, siempre tendrás un hogar. Puede parecer una locura, pero han tenido que pasar los años para que tus palabras, y sólo las tuyas, tuviesen el poder de retumbar en mi cabeza y de moverme el alma. De conseguir que diera ese paso, tan pequeño para el mundo y tan insalvable para mí. Quizás todo lo que ha ocurrido entre nosotras empiece con ese cambio, pero desde luego me has dado mucho más que valor. Me has dado esperanza.
En la estación lo dijimos: llevo un año deseando conseguir la beca a EEUU y, ahora que está aquí, siento que me alejo en el mejor momento para quedarme. Pero aún tenemos mucha vida tú y yo. Así que vamos a vivirla, que aún me queda espacio en la mano y en el corazón para caminar agarrada a ti.
 
Como decía Yolanda:
Viva el cine, viva la cultura y buena proyección.

viernes, 21 de octubre de 2016

Pedro

Este es mi pequeño homenaje a mis primas y a su abuelo Pedro. También a su abuela María y a su madre Cinti, porque forman parte de mi vida y, aunque a veces el amor no puede expresarse con palabras, cuando no se está cerca para demostrarlo con gestos, hay que hacerlo en la distancia.
Ayer no fue un buen día para ellas y seguramente no lo serán tampoco los días venideros.
Nos separan unos 600km pero mi mente está con vosotras. Aún no sé lo que es la pérdida de una persona tan importante en la infancia como son lxs abuelxs, pero puedo aseguraros que su ausencia también se notará en vuestra familia palentina.
Siempre me quedarán en la memoria los veranos en la finca, cuando vuestra mami nos llevaba en coche hasta allí y yo pensaba: «De mayor quiero conducir tan bien como ella», escuchando Ecos Rocieros y ese estribillo que siempre tengo grabado: «Se te nota en la mirada que vives enamorada. Te ha acompañado la suerte. Han debido de quererte tanto, para que me olvidaras...». Con Carmen diciendo que teníamos que «amarrarnos» el cinturón y que el arroz le daba «fatiga».
Pedro y María son unas personas muy especiales. Nunca he sentido con ellos que no estuviese en mi propia casa con mi propia familia. Mi padre, que de primeras suele ser alguien reservado, se convertía completamente en otra persona cuando estaba con vuestro abuelo. Las largas conversaciones y paseos, las barbacoas, el intercambio de conocimientos sobre plantas y recetas. Las interminables horas de piscina con Pedro paseando por el jardín, disimulando que estaba vigilando nuestros juegos.
Nunca he escuchado una sola mala palabra sobre ellos en mi casa.
Paco, Cinti, Mari y el pequeño Juan, Cris y Laura, Carmen e Isa... sois parte de mi infancia y, con vosotrxs, Mari y Pedro.
Recuerdo las noches en el porche de la casa, entrar dentro cuando para vosotrxs, tan del sur, ya hacía frío, y emitían «Celia» por la TV. Vestirme de sevillana con vuestro traje para niñas y, taitantos años después, presentarnos las cuatro en la casa de Sevilla, ya más adultas, para que Pedro y María nos viesen vestidas de traje antes de ir a la feria. Y yo, que soy tan mimosa, cubrirles de besos.
Pedro no se ha ido. Nunca se irá realmente. Siempre estará dentro de cada momento y sonrisa que nos arranque su recuerdo. También dentro de cada lágrima. Las que corren al escribir esto y las que habéis derramado estos días.
Me duele en el alma no haber estado allí, no estar ahora mismo, pero desde el norte espero que os llegue el abrazo que os daría en el sur. Que os llegue la energía que ahora necesitáis. Y que, donde quiera que esté, se marque Pedro una penúltima sevillana arrancándose con palmas.
Os quiero mucho.